Los días siguientes me los pasé aburrido y
triste, mirando walkthrought de videojuegos de Silent Hill y tratando de
asimilar mi separación. Me agarraban ataques de llanto cuando estaba solo y
pensaba mucho, y lloraba como nunca antes en vida, o como hacía mucho tiempo no lo
hacía. Mientras tanto, seguía mi vida en el estudio, en el trabajo, hablándole
a mis amigos que, más que mal, me criticaban por haberme separado pero, a la vez,
ayudándome. Con él no hablé hasta el jueves de esa
semana donde recibí un mensaje por whatsapp diciendo que no podemos estar
separados y que teníamos que hablar. Por un lado, yo ya sabía que él me iba a
hablar, pero no sabía en qué momento. Le respondí y le dije que sí, por eso
pronto, acordaríamos cuándo hablar. Llegó el viernes y me preguntó si salía, le
contesté que no porque no estaba de ánimo, pero era para que él tampoco se
enojara. Durante ese fin de semana, él cambió de parecer, me dijo que no estaba
seguro si volver era lo que quería y que mejor era que sigamos separados. Cosa
que a mí nuevamente me devastó y rompía en llanto a cada momento.
Tuve una
charla con mi hermana, con quien convivo desde el día de mi cumpleaños por
problemas personales de ella: le había contado que no estaba más en pareja, que
estaba depresivo además por una medicación que yo había empezado a tomar y le
pregunté cuándo se mudaría para yo poder estar solo. Es porque ella está
embarazada y, supongo, que su plan es mudarse con el padre del bebé. A Ian
le insistí, que teníamos que estar juntos, que no nos separemos, que no podía
comprobar si nos llevaríamos bien o mal si no intentábamos estar juntos otra
vez. De esta forma aflojó y, el miércoles de la semana siguiente, me pasó a
buscar a la facultad para hablar y comer en un tenedor libre vegetariano cerca
de mi facultad. Llegó re tarde, me había
cansado de esperarlo y su celular daba apagado, aun así me puse contento cuando
lo vi. Una vez que llegamos a almorzar, tenía en su cabeza esa idea fija de no
querer tener nada conmigo, y yo me puse mal porque pensé que lo intentaríamos
otra vez. Tampoco me daban ganas de estar ahí con él si, al final, era perder el
tiempo. Le insistí para que luego vayamos a mi casa y charlemos mejor; entre
otras cosas, yo estaba súper caliente y necesitaba coger de una.
En mi cabeza,
aparecían esas fantasías que cumplimos y otras no: de estar con otro chico. Pero,
ahora, me conformaba con coger sólo con él. Se negó diciendo que debía ir a su
casa, etc. Antes de que nos separemos, había estado insistiéndole en comprar
una cama de dos plazas ya que, en la que yo tenía, no podíamos dormir más y que, el
día de mi cumpleaños, mis amigos la rompieron. Pero veía una actitud rara en él
de no querer compartir gastos en algo para los dos. Entonces frente a mi
necesidad, compré la cama y, al día siguiente luego de almorzar con él, se lo
comenté. Ese mismo día me llama por teléfono a mi casa y comienza a hablarme y
me pregunta sobre lo que me había comprado: interés total. Me dijo que tenía
ganas de verme ese mismo jueves pero era tarde, por ende, nos veríamos el
viernes o sábado…
No recuerdo cuándo nos vimos pero la
relación volvió a establecerse y la llevábamos súper bien. Aunque duró una semana
y un día hasta el próximo sábado donde nuevamente él saldría con sus amigos y
yo con los míos pero, esta vez, nos veríamos adentro y estaríamos separados. Ese
sábado 20, yo estaba muy alcoholizado, la barra libre de Plop no es algo rico
últimamente pero yo juraría haberme puesto en pedo como para no saber lo que yo
estaba haciendo. Me lo crucé muchas
veces a él, nos dábamos besos y hasta me
enojé porque andaba con un conocido suyo con quién no se llevaba bien, y los vi
en el baño haciendo pis juntos en los mingitorios, cosa que no me gustó.
Alrededor de las 5am se me acerca y me dice que se va a comer al McDonalds de
en frente de Vorterix con sus amigos:-¿Tan temprano? Bueno, vamos.
-Federico ¿no entedés? No quiero que vengas, ándate.
Iba a cruzar nuevamente la
avenida porque lo miré con ojos de piedad, él se quedó duro tocándose la nariz.
Pensé que se iba a poner a llorar e iba a gritarme pero se quedó en el molde,
sin poder creer lo que yo hice pero, además, se quedó para secarse la sangre que
caía para después ir con sus amigos. Derrame algunas lágrimas, crucé la avenida y le
dije que me perdone y que me deje ayudarlo a limpiarse, pero se negó y me gritó
que me fuera. Con lágrimas en los ojos, volví a cruzar las avenidas pero esta
vez decidido a volver a mi casa y dejar que todo termine de una vez. Mientras
esperaba que el tren partiera, agarré mi celular llorando y, alcoholizado como
estaba, le escribí unas palabras por whatsapp para luego bloquearlo:
Los días fueron
pasando, esta vez no debía haber debilidad, sobre todo, de mi parte ya que yo
finalicé la historia con una piña. Yo me resistí, aunque no podía parar de pensar,
quería saber cuándo me volvería a hablar… a veces me lamentaba, lloraba cuando
podía, y vivía súper triste. Lo desbloqueé de whatsapp pero también para ver
cuándo se conectaba y cuándo no ya que era un indicio para ver si estaba en su
casa: la única forma de conectarse era por wi-fi y, probablemente, en su lugar de estudio. No aguanté más y el viernes quebré, en estado
de consciencia total el viernes 26 le envío un mensaje de perdón y solicitando una contestación suya para yo
poder cerrar una etapa y empezar otra. Me había ganado la situación, nunca debí
hacer eso y tendría que haber cortado todo desde principio. En fin, esa noche
ni bien mi hermana se fue de mi casa, me largué a llorar y llorar… Él me
respondió con unas simples palabras estando de acuerdo a lo que yo le dije.
Aunque lo peor no vino ahí sino al día siguiente cuando mis amigos me insistían
en salir y yo no quería porque me sentía anímicamente mal y porque seguía con
la ilusión que Ian me hablara y volvamos a ser lo que alguna vez fuimos.
Rompí en llanto y estuve mal todo el día, bajoneado y pensando el ¿por qué? ¿Qué
sucedió? ¿Cómo pasó y por qué lo dejamos pasar? ¿Dónde quedaron nuestros
planes? ¿Qué voy a hacer de mi vida?
Llego la noche de ese sábado y se me
ocurrió una idea bastante arriesgada al ver unas fotos viejas de ambos en mi
PC. Eran fotos de una de las primeras veces que él vino a mi casa ya que
estábamos en mi antigua habitación antes de que mi viejo se mudara. Armé un
video con fotos nuestras y una de mis canciones favoritas, tal como él me lo
hizo al volver de nuestro viaje de Mar del Plata en febrero de este año, en
forma de disculpas por lo sucedido. Estuve como 2 horas haciéndolo y lo que más
costó fue la adopción para celular, tampoco quería enviárselo y que no lo pueda
ver. Había un mensaje al final que decía que me perdone y que lo seguía amando.
Se lo envié y lo vio, me respondió que era un lindo video pero que nada podía
ser como antes, que me perdonaba, que a él tampoco se le haría fácil dejar de
hablarme así de la nada.
Resulta que los días siguientes de junio
nos hablamos lo más normal: me contaba su rutina, yo la mía, que mi dolor iba
parando, que sentía mareos y náuseas pero que todo iba a estar bien. Llegó el
viernes y acá se desata otro hecho que marca la relación nuevamente: él salía
con su amigo a un boliche que no conocía pero nada, era una salida que se
debían. ¡Mentira! Terminó yéndose a Plop y arrasó con todos ¿Cómo lo sé? Porque
el fotógrafo oficial le sacó una foto con su amigo y después la subieron a Facebook.
Llegó a las 11am a su casa y yo llamándolo por teléfono preocupado porque eran
las 10 y no recibía mi mensaje que le había mandado la noche anterior luego de
que saliera de su casa. Igual no podía reclamarle nada porque no éramos pareja,
pero para qué me dice que se va a un boliche si se va al mismo de siempre. Sin
embargo, traté de hacer ojos ciegos a esa situación (lo de la foto lo vi mucho
tiempo después, pero si me pareció raro que haya llegado a las 11am a su casa
siendo que lo más tarde que uno puede llegar es a las 8am). Luego, lo llamé a su
casa ese mismo sábado y me contestó mal, diciéndome que estaba durmiendo. Luego
me dijo que había llegado temprano a su casa, que un ex de su amigo lo culpó de
cosas a ellos y bla bla bla... que la noche terminó mal para él. ¿Será verdad? La
semana pasó, un día mientras estaba cenando con mi cuñado y mi hermana me llama
a mi casa y yo, sorprendido, lo atendí desde mi habitación porque tampoco quería
que mi hermana pensara que yo seguía saliendo con él ni nada por el estilo. Él
tampoco se resistió y parecía que la rutina que alguna vez tuvimos lo consumió.
Después lo empecé a llamar yo sin compromisos. Un día se cargó crédito y me
hizo sonar el teléfono, después me contó que por un problema en su celular no
podía tener 3G.
